Un hombre lobo en Tenerife

Por David Lorenzo
wolfsbayn

¿Existieron los hombres lobo? ¿Hubo en Canarias alguno de ellos?

Esta era la creencia que existía en el siglo XVI tanto en Canarias como en algunos reinos del Viejo Continente de un hombre de origen tinerfeño. El nombre del patriarca de esta familia de “hombres lobo” era Petrus Gonsalvus o Pedro González (según la fuente a la que acudamos) y esta es su historia.
De su niñez poco se sabe salvo que nació en Tenerife en el año 1537 y que era hijo de un antiguo Mencey de la isla. De esta época únicamente se conoce que con 10 años va a ser enviado a Francia como regalo al todavía futuro rey Enrique II, quien tuvo interés por él nada más conocerlo. Aunque posiblemente su función iba ser la de formar parte de las personas con defectos (enanos, bufones y monstruos) que tenían el objetivo de entretener al rey y a su corte en los palacios e impresionar a los visitantes, Gonsalvus va a tener suerte, ya que pudo estudiar, aprendiendo humanidades y latín, que le servirán para su desarrollo personal.
A pesar de ser protegidos y respetado por el rey de Francia la mayoría de la población lo seguirá viendo como un monstruo, fascinándose por él y temiéndolo a partes iguales. Esta desagradable situación le va a llevar a acudir a algunos de los médicos más reconocidos en la Europa del siglo XVI y principios del XVII como son Felix Platter, Ambroise Paré y Ulisse Aldrovandi, a los que pide que le ayuden a curar su enfermedad sin mucho éxito.
Imagen de Petrus Gonsalvus. Foto vía Instagram: @ta.clark
Imagen de Petrus Gonsalvus. Foto vía Instagram: @ta.clark

Su relación con la corte le permitió conocer a intelectuales de la talla de Giulio Cesare Scaligero (filósofo, médico, botánico, y humanista italiano del siglo XVI) o al famoso por sus profecías Michel de Nôtre-Dame (más conocido como Nostradamus), entre otros. En Francia vivirá gran parte de su vida (durante 40 años), tanto sirviendo al rey Enrique II como a su hijo Francisco II, quien lo nombra Ayudante del Panadero Real y se llega a casar con una bella parisina de nombre Catherine, con la que tiene siete hijos, heredando cuatro de ellos la enfermedad del padre.
Debido a la inestabilidad política de la Francia de la segunda mitad del siglo XVI marcha Gonsalvus con su familia a Italia, donde se establecerá en un comienzo en Parma y Roma, hasta acabar finalmente en el pequeño pueblo de Capodimonte, donde nuestro personaje muere a una edad bastante longeva para esa época y también para la actualidad: los 81 años.
Esta es la historia de un curioso personaje de la Canarias del siglo XVI con una enfermedad cuyo nombre es “hipertricosis universalis congénita” (en la cual se cubre de pelo todo el cuerpo, incluida la cara y las manos) y que acaba viviendo en las cortes europeas y codeándose con personalidades de gran importancia de la época ya sean reyes, intelectuales, etc. Pero no todo fueron ventajas, su imagen lo convirtió en un marginado a la que la mayoría de la gente le tenía miedo al considerarlo producto del diablo o un simple objeto de feria. Hoy de su vida nos queda una importante cantidad de documentación así como algunos cuadros pintados con el objetivo de conocer el aspecto de este “fantástico ser” en los principales reinos europeos, cuadros que hoy se encuentran en algunos de los museos más importantes del mundo.

Autor: David Lorenzo
Para saber más:

  • Zapperi, Roberto El salvaje gentilhombre de Tenerife. La singular historia de Pedro González y sus hijos. Santa Cruz de Tenerife: Editorial Zech, 2006
  • Carrasco, Enrique Gonsalvus, mi vida entre lobos. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea, 2006
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